| Es un diagnóstico temido y cada vez más
frecuente, pero de hecho no es posible saber a ciencia cierta
que alguien tiene Alzheimer sin hacer una autopsia del
cerebro. Para ello hay que esperar a que el paciente haya
muerto.
Sólo entonces se puede descubrir si se han acumulado en el
tejido cerebral las placas seniles y nudos neurofibrilares que
son la firma del mal que borra la memoria.
Esto podría cambiar con la técnica que acaba de presentar
un grupo de científicos, la cual permite observar en el
cerebro vivo cómo el Alzheimer destruye progresivamente sus
células. Mediante el análisis computarizado de las imágenes
obtenidas en una exploración por resonancia magnética (IRM),
obtuvieron un mapa tridimensional videograbado del cerebro que
muestra cómo el Alzheimer va deteriorando sus diferentes
regiones. Las primeras afectadas son las que controlan la
memoria, más tarde las responsables de emociones e
inhibiciones y por último la de las sensaciones. Se puede
observar también que algunas pequeñas zonas del cerebro, como
por ejemplo, las que controlan la visión, no quedan afectadas.
El director del equipo investigador, Paul Thompson,
profesor asistente de la división de Neurología de UCLA,
comparó el efecto invasivo del Alzheimer sobre el tejido
cerebral, al de la “lava volcánica”, cuyo avance es imposible
de contener.
Esta ventana que han abierto los científicos en el cerebro
humano permitirá no sólo diagnosticar con certeza la
existencia de Alzheimer, sino examinar también su progreso y
comprobar si son eficaces los tratamientos y vacunas contra la
enfermedad.
El procedimiento de análisis computarizado ha sido creado
por neurocientíficos de UCLA y de la Universidad de Queensland
(Australia). En el estudio en progreso, han participado 12
personas diagnosticadas con Alzheimer y 14 voluntarios sin
esta condición. Se observó que los primeros pierden por año un
5.3% de materia gris, mientras que los individuos sanos
perdían solamente un 0.9 de tejido cerebral en el mismo
período.
Las exploraciones por resonancia magnética se efectuaron a
los seis meses del diagnóstico, a los 12 y a los 18 meses
siguientes. El análisis computarizado de las imágenes mostró
con claridad la disminución progresiva de materia gris en toda
la corteza cerebral.
En el estudio, los investigadores observaron que la pérdida
de células se correlacionaba con la disminución de las
funciones cognoscitivas.
“Hemos visto que el deterioro celular es tremendo. En los
primeros dos años viene a ser como un incendio forestal que lo
arrasa todo, en este caso, las funciones básicas del cerebro”,
explica el investigador. El ritmo de deterioro, sin embargo,
es distinto en cada individuo, por causas que siguen siendo
una incógnita para la ciencia.
Millones de personas afectadas
Alzheimer es la forma más común de demencia. Se calcula que
en los Estados Unidos hay mas de 4 millones de personas con
esa enfermedad. Quienes la padecen sufren el deterioro
progresivo de la memoria y la capacidad mental, hasta el punto
de verse inhabilitados para llevar a cabo las funciones más
básicas. Acostumbra a presentarse en personas mayores de 65
años, pero también padecen este mal personas más jóvenes.
Hasta ahora no hay cura para el Alzheimer, aunque el
tratamiento ha progresado considerablemente en los últimos
cinco años, y se esperan resultados prometedores de nuevos
medicamentos en proceso, así como de vacunas.
El análisis de imágenes computarizadas realizado por los
neurólogos no sólo puede examinar la atrofia de las células en
pacientes diagnosticados, sino observar si hay muestras de
ello en personas sin síntomas o en aquellas que están sanas,
pero genéticamente expuestas a desarrollar Alzheimer.
“Antes de que aparezcan los síntomas y también cuando
existe un riesgo genético, puede detectarse la pérdida de
materia gris en la región del hipocampo/amigdala anterior”,
señala el estudio.
Dice Thompson: “Las personas con una predisposición
genética pueden tener cierta pérdida de memoria incluso antes
de que el Alzheimer se manifieste. El declive sería de 1.5%
anual, comparado con el 1% de las personas sin la misma
anormalidad genética”.
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