Gracias a una nueva técnica de imagen
en 3D, investigadores de las universidades de California y de
Pittsburgh han podido medir el grosor de materia gris en varias zonas
de la corteza cerebral de 26 pacientes seropositivos y compararlo con
los de 14 personas sin la enfermedad.
El mapa tridimensional resultante refleja que los enfermos de sida tienen el cerebro un 15% más delgado en las áreas relacionadas con las funciones motoras, sensoriales y del lenguaje.
Este hallazgo explica el hecho de que muchos pacientes seropositivos
muestren dificultades para hablar, tengan problemas de coordinación y
les cueste elaborar juicios y hacer planes.
Para Paul Thompson, profesor de neurología y uno de los autores de este trabajo, que se publica en 'Proceedings of the Nacional Academy of Sciences', las imágenes revelan dos cosas particularmente sorprendentes.
"Primero, el VIH es selectivo en su manera de atacar al cerebro", ya que algunas zonas permanecen intactas y "en segundo lugar, la terapia antirretroviral no previene el daño cerebral".
Otra
de las aportaciones 'sorpresa' del estudio es el descubrimiento de que
la pérdida de tejido cerebral que experimentan los enfermos de sida es
contraria a la que se observa en los pacientes con demencias comunes
como el Alzheimer.
Los autores consideran que esta técnica de
imagen ofrece una nueva oportunidad para medir el impacto que tiene el
sida en el cerebro, ver cómo progresa la enfermedad y, sobre todo, para
determinar en qué áreas se está produciendo el daño. Además supone una
importante herramienta para comprobar la efectividad de los nuevos
fármacos y analizar la protección que confieren al paciente.
Prohibida la entrada a la terapia
De
los 26 enfermos con sida a los que se observó el cerebro, 13 estaban
tomando la terapia antirretroviral de gran efectividad (TARGA). Sin
embargo, este tratamiento no les protegió el órgano cerebral, ya que no
se observó ninguna diferencia entre sus cerebros y los de aquéllos que
no recibían los medicamentos.
"Este es el aspecto más
desalentador de nuestros descubrimientos", reconoce el doctor Thompson.
"A pesar de que los fármacos antirretrovirales protegen el sistema
inmune, el VIH se expande sin problemas por el cerebro. Una barrera sanguínea protectora impide que las medicinas entren en el cerebro,
por lo que este órgano se convierte en un espacio donde el VIH puede
multiplicarse y atacar a las células sin ningún tipo de restricción",
explica este experto.
La relación con el sistema inmune
Todos
los pacientes con sida que participaron en el estudio habían perdido,
al menos, la mitad de sus células T, las encargadas de defender al
organismo de la infección por VIH. Los investigadores relacionan esta
pérdida de células T con la pérdida de materia gris en las áreas
cerebrales vinculadas con el lenguaje y el razonamiento.
"La pérdida de tejido cerebral que sigue a la pérdida de células T significa que las personas con el sistema inmune más debilitado son también los que muestran el daño más severo en el cerebro", indica Paul Thompson.
Se
trata de una nueva revelación, pues hasta ahora los expertos "solíamos
considerar ambos aspectos como fenómenos independientes y separados, ya
que el virus de la inmunodeficiencia humana perjudica el sistema inmune
y el cerebro de formas diferentes. Sin embargo, hemos observado que las
dos situaciones están estrechamente relacionadas", afirma el profesor
de neurología de la Universidad de California.
La técnica en 3D
con la que los investigadores han obtenido mapas tridimensionales a
color de los cerebros puede ayudar a conseguir fármacos más eficaces
contra la enfermedad causada por el VIH, un virus con el que viven en
el mundo uno de cada 100 adultos con edades comprendidas entre los 15 y
los 49 años.